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Las funciones ejecutivas son una serie de procesos cognitivos de orden superior que se encargan del control cognitivo y de la regulación de la conducta. Como tales, son funciones cuya alteración causa un problema muy importante en la cognición y conducta del sujeto.



Introducción

Siguiendo a Lezak, las funciones ejecutivas son una constelación de capacidades implicadas en la formulación de metas, planificación de los pasos necesarios para lograrlas y ejecución de dichos planes de forma eficaz. Así, las funciones ejecutivas se pueden agrupar en una serie de componentes:

  • Capacidades para formular metas: motivación y conciencia.
  • Planificación: representación mental del problema, generar planes y secuenciarlos.
  • Ejecución: iniciar, mantener y detener la acción.

Para Sholberg y Mateer las funciones ejecutivas abarcan un conjunto de procesos cognitivos entre los que se encuentran la anticipación, la elección de objetivos, la planificación, la selección de la conducta, la autorregulación, el autocontrol y el uso de la retroalimentación o feedback.

A través de estudios que utilizan los análisis factoriales, Tirapu et al. (2017) proponen un modelo donde las funciones ejecutivas contemplarían los siguientes componentes: velocidad de procesamiento, memoria de trabajo, fluencia verbal, inhibición, ejecución dual, flexibilidad cognitiva, planificación, multitarea y toma de decisiones.

Las funciones ejecutivas en sí mismas tienen una organización jerárquica. En el nivel más alto se encuentra la autoconciencia, que representa las situaciones actuales en relación a las previas y utiliza el conocimiento adquirido para resolver nuevos problemas o tomar decisiones. En un nivel inferior se encuentran las funciones que realizan un control cognitivo de otras funciones mentales. El nivel más básico es el que se ocupa de la capacidad de iniciar y mantener una actividad y la organización temporal de la conducta (Tirapu, Ríos-Lago y Maestú, 2008).


Alteraciones de las funciones ejecutivas

Los pacientes con alteración de las funciones ejecutivas actúan de forma impulsiva, no pueden anticipar las consecuencias de sus conductas o decisiones o para posponer una respuesta, les cuesta extraer la información relevante de la que no lo es, por ello muestran déficit en la toma de decisiones o en la resolución de problemas. Muestran además dificultades para planificar las acciones, generar estrategias eficaces o cambiar estas si no les funcionan, ya que tienen rigidez cognitiva o falta de flexibilidad y no se benefician del feedback.

El síndrome disejecutivo o síndrome frontal dorsolateral se caracteriza por dificultad en la programación motora, disminución de la fluidez verbal y falta de flexibilidad cognitiva por lo que los pacientes no pueden cambiar de estrategia de respuesta. Existe una disociación entre la conducta verbal y motora, por lo que la conducta sin la guía verbal del pensamiento es desorganizada (Muñoz-Céspedes y Tirapu, 2004).

Cuando las funciones ejecutivas se ven alteradas, la persona no es capaz de organizar y utilizar de forma eficiente las capacidades conservadas. Se compromete la capacidad de la persona para vivir de forma independiente y socialmente constructiva, porque se pierde la capacidad de dirigir los actos y la conducta. La persona no puede organizarse, tomar decisiones, no tiene conducta propositiva porque es incapaz de hacer planes y, en todo caso, no es capaz de seguirlos o mantenerse centrado en una tarea, no controla el tiempo, etc.


Evaluación de las funciones ejecutivas

En relación a la memoria operativa, Tirapu et al. (2008) proponen la administración de las siguientes pruebas para la evaluación de las funciones ejecutivas:

  • La prueba de dígitos ofrece una medida del recuerdo inmediato verbal.
  • La prueba de localización espacial, en la que el paciente tiene que memorizar y reproducir series de cubos que el evaluador va tocando, mide la memoria visual inmediata. Esta prueba forma parte de la escala de memoria de Wechsler (Tirapu et al., 2008).
  • Para valorar el mantenimiento y la manipulación de la información (sistema ejecutivo central) se administra la prueba de letras y números de Wechsler, donde se le presenta una información desordenada y el sujeto ha de ordenarla.

En la capacidad de inhibición se utiliza el test de Stroop para considerar la inhibición verbal, donde se presentan al paciente una serie de palabras que indican colores, están escritas en colores distintos y el paciente debe decir el color con el que está escrita la palabra.

Para valorar la ejecución dual el paciente debe realizar dos tareas al mismo tiempo. Para reducir la interferencia se propone una tarea motora y una verbal. Baddeley ideó una tarea donde el sujeto debía rellenar con aspas un circuito presentado en papel mientras el examinador le decía grupos de dígitos que el paciente debe repetir sin dejar de poner aspas en el circuito.

Adicionalmente la valoración de las funciones ejecutivas ha de completarse con una medición de la velocidad de procesamiento. La velocidad de procesamiento se define como la cantidad de unidades de información que puede manejar el cerebro en una cantidad de tiempo determinado. . Para valorar la velocidad de procesamiento se recomienda utilizar la parte A del Trail Making Test o el subtest de búsqueda de símbolos de Wechsler.


Rehabilitación de las funciones ejecutivas

La intervención sobre las funciones ejecutivas tiene como objetivo alcanzar la mejor adaptación posible del sujeto a su vida cotidiana a partir de la optimización de los procesos cognitivos que permiten el control y la regulación de la conducta (Tirapu et al., 2011).
La diversidad de los déficits hará preciso la utilización de diferentes técnicas que pueden ser utilizadas de forma combinada. Estas las podemos clasificar en:

  • Las técnicas de modificación del entorno se utilizan sobre todo en sujetos con alteración moderada o grave de funciones ejecutivas más que en pacientes con afectación leve. Se trata en definitiva de hacer modificaciones no solo en el entorno físico, sino también social, de tal forma que se reduzcan las demandas ejecutivas de los pacientes. En general, estos pacientes deben tener muy estructurado y organizado su entorno y sus actividades debido a sus dificultades atencionales, de planificación y organización.
  • Las técnicas de restauración se basan en la estimulación directa de la función mediante la realización de ejercicios que entrenan habilidades relacionadas con las funciones ejecutivas, como la atención compleja (selectiva y alternante), la memoria de trabajo, las habilidades de inhibición y flexibilidad cognitiva o la planificación y resolución de problemas. Estos ejercicios pueden ser realizados con lápiz y papel o mediante programas informatizados.
  • Las estrategias compensatorias más utilizadas se centran en el entrenamiento de estrategias alternativas o ayudas externas. Estas son, elaboración de listas o instrucciones, uso de agendas, planificadores, etc.

Muchos programas de entrenamiento en funciones ejecutivas se centran en la resolución de problemas. En estos programas se entrena al paciente a identificar las situaciones problema y a no actuar impulsivamente ante ellos, sino que sean capaces de definir el problema para así analizar la situación y generar estrategias de solución.


Bibliografía:

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Sáenz Castaño Jagoba

Graduado en Psicología, Master en Psicología Forense, Master en Psicología General Sanitaria

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