5
(5)

La neuropsicología infantil estudia el funcionamiento del cerebro en desarrollo en relación con el comportamiento de los niños y adolescentes. Los trastornos del desarrollo o la aparición de diversas alteraciones que afectan a este, han de abordarse desde un modelo integrado de neuropsicología clínica infantil, diferente del que se utiliza en el adulto.



Introducción

La neuropsicología infantil tiene como principal objetivo el estudio de la relación entre el desarrollo del cerebro y el desarrollo de la conducta (Tirapu, Ríos-Lago y Maestú, 2008). Así la diferencia fundamental entre la neuropsicología del adulto y la infantil es que en esta última se ha de tener en cuenta los cambios evolutivos que se producen en el cerebro infantil (Portellano, 2005).

El pronóstico, salvo en algunos casos de daño cerebral muy severo, suele ser mejor en los niños que en el adulto. Las lesiones cerebrales en la infancia son más difusas, mientras que en el adulto son más locales, y el daño en la etapa infantil impide la adquisición de nuevas habilidades, mientras que en el adulto se produce un deterioro de las capacidades previamente adquiridas.

El cerebro se desarrolla en primera instancia, según un programa determinado genéticamente que marca la sinaptogénesis o creación de las conexiones sinápticas, que, en un primer momento llegan a superar a las del adulto y, más tarde, se produce el proceso contrario, que elimina las conexiones menos relevantes, determinada por la experiencia.

El desarrollo infantil es un avance continuo pero que es periódicamente interrumpido por períodos de rápido cambio, que marcan la transición entre una fase del desarrollo y la siguiente.


Etapas del desarrollo infantil

En general, siguiendo a Tirapu et al, (2008), para describir las etapas evolutivas del desarrollo se divide en las siguientes edades:

  • En la primera infancia, entre los 0 a los 2 años, se forma la arquitectura básica del cerebro (seis primeros meses de gestación). Tras el nacimiento se mieliniza la formación reticular del tronco encéfalo que regula la conciencia y la atención. Entre el sexto y el octavo mes se mielienizan las vías motoras. En cuanto al lenguaje, los niños inician el balbuceo vocálico y consonántico a los 8 meses, en torno al año dicen sus primeras palabras, aumentando vertiginosamente su vocabulario hasta los 2 años.
  • En la etapa preescolar, entre los 2 y 6 años, en este período, la atención comienza a ser más voluntaria estando condicionada por los intereses del niño. El lenguaje es una de las habilidades más importantes que se desarrolla en este período, ya que se produce una expansión del vocabulario. Los niños aprenden a respetar turnos o ajustar su habla a los diferentes contextos o interlocutores.
  • En la etapa escolar, entre los 6 y los 12 años, en cuanto a la atención, sigue aumentando la capacidad de concentración. A partir de los 9 años mejora la velocidad de procesamiento y van madurando los procesos de control atencional. Respecto al lenguaje, se perfeccionan las estrategias de conversación, se produce una mejoría de la sintaxis y sigue aumentando el vocabulario.
  • En la etapa de la adolescencia, entre los 12 a los 20 años, en esta etapa se perfeccionan todas las habilidades, perceptivas, atencionales y mnésicas y continúan desarrollándose las funciones ejecutivas (inhibición, resolución de problemas, toma de decisiones), la velocidad de procesamiento, la gramática, semántica y pragmática del lenguaje. En esta etapa se realiza la transición a la vida adulta.

Trastornos del neurodesarrollo

Los trastornos del neurodesarrollo, son alteraciones o retrasos en el desarrollo de las funciones vinculadas a la maduración del sistema nervioso y no son problemas estáticos, sino que evolucionan junto con el desarrollo del niño (Artigas y Narbona, 2011).

La discapacidad intelectual consiste en un déficit de las funciones intelectuales valorado de forma objetiva mediante una prueba estandarizada y que compromete diversos dominios cognitivos con repercusión social, funcional y académica.

Los trastornos de la comunicación hacen referencia a los trastornos del habla, por un lado, que afectan al sonido audible o expresión del lenguaje y, por otro, a los trastornos del lenguaje propiamente dicho o que afectan a su forma o contenido.

El autismo se caracteriza por dificultades en la relación social, un espectro de interés restringido y trastornos del lenguaje y de la comunicación. El síndrome de Asperger es una variación del autismo menos severa, donde estos niños presentan un lenguaje conservado, a excepción del componente pragmático.

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) implica alteraciones en la atención, la autorregulación, el nivel de actividad y el control de impulsos (Semrud-Clikeman y Teeter, 2011).

Entre los trastornos de aprendizaje se encuentra la dislexia que es la dificultad en el aprendizaje de la lectura, la disgrafía o dificultad del aprendizaje de la escritura y la discalculia o dificultad para el aprendizaje de las matemáticas. Recientemente se incluyen las dificultades de aprendizaje no verbal en relación a trastornos que implican una disfunción del hemisferio derecho frente a un hemisferio izquierdo conservado.

Entre los trastornos motores, en el trastorno de tics, las características fundamentales del síndrome Gilles de la Tourette que consiste en tics motores y verbales que se asocian con una limitación social significativa y a menudo interfieren en la adaptación escolar.


Otros trastornos

Los trastornos psicopatológicos que aparecen en la infancia se caracterizan por la presencia de diversos comportamientos no adaptativos y plantean dificultades en la regulación de aspectos sociales y psicológicos de la vida infantil.

El trastorno de conducta consiste en un patrón repetitivo y persistente de comportamiento donde se violan los derechos fundamentales de los demás o las principales normas y reglas sociales.

Según el DSM el diagnóstico de depresión infantil requiere que al menos durante 6 meses, el niño haya presentado alguno de estos síntomas: estado de ánimo triste o disforia, teniendo en cuenta que en niños el estado de ánimo puede ser irritable, pérdida de interés por las cosas que antes le interesaban, aumento o pérdida significativa de peso, problemas de sueño, falta de energía, culpabilidad excesiva o sensación de falta de valía personal, dificultad de concentración e ideación suicida. La depresión afecta a la cognición, sobre todo a la memoria, la concentración y la velocidad de procesamiento.

Los trastornos de ansiedad se caracterizan por inquietud o ansiedad excesiva y preocupación, aprensión y miedos difíciles de controlar. Los síntomas son: inquietud, fatigabilidad, dificultad de concentración, irritabilidad, tensión muscular y alteración del sueño.

El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) se diagnostica cuando existen pensamientos o impulsos recurrentes o estresantes que conducen a un comportamiento repetitivo e irracional que si no se ejecuta produce ansiedad. Se acompaña de pesadillas, intrusión de recuerdos o imágenes del acontecimiento y evitación de circunstancias o lugares relacionados con el acontecimiento.

El daño cerebral congénito es el que se produce antes del nacimiento o en los momentos inmediatamente posteriores a este. También se refiere a alteraciones de tipo genéticas o metabólicas que afectan al desarrollo cerebral. Entre estas se encuentran la parálisis cerebral, la hidrocefalia o el síndrome de Down.


Evaluación neuropsicológica infantil

Uno de los objetivos principales de la evaluación neuropsicológica infantil es determinar si el niño ha alcanzado los hitos del desarrollo que le corresponden según su edad o si presenta una alteración o retraso en el desarrollo. También cabe destacar, cuál es el perfil neuropsicológico y cuáles son los puntos fuertes o débiles en las distintas áreas valoradas, para así establecer las áreas que deben ser estimuladas de cara a la planificación del plan de intervención.

La evaluación comienza por la anamnesis o elaboración de la historia clínica del niño que se realiza mediante una entrevista clínica con los padres y la recogida de informes médicos, clínicos o de otros profesionales. En la entrevista clínica habremos de recoger información relativa tanto al entorno escolar como al familiar. Se aconseja tener la entrevista inicial con los padres del niño sin la presencia de este. Es importante recoger información acerca del embarazo, parto y desarrollo del niño, así como enfermedades anteriores y antecedentes familiares.

Otro punto a destacar, es profundizar en la recogida de información del ambiente familiar y relaciones con familiares, así como determinar si existen problemas de conducta. Para ello, lo más útil es facilitar a los padres uno o dos cuestionarios que pueden cumplimentarse con ayuda del profesional o bien en casa y devolverlos en la siguiente sesión.

En relación con el ámbito académico, se recomienda contactar con el tutor y/u orientador para recoger información de los aspectos escolares, como nivel y competencia académica, nivel de socialización y comunicación con iguales, y si existen problemas de conducta.

Una buena evaluación neuropsicológica infantil ha de incluir una evaluación de las funciones cognitivas, de las funciones receptivas, especialmente visuales y auditivas, funciones motoras (motricidad gruesa y fina, tono muscular, equilibrio y coordinación), estudio de la personalidad, emociones y conducta (Portellano, 2005).


Pruebas neuropsicológicas infantiles

Para valorar a un niño podemos administrar los siguientes tipos de pruebas:

  • Las escalas de desarrollo pueden ser cuestionarios donde se registra con los padres la consecución de los diferentes hitos del desarrollo en diferentes áreas, como por ejemplo la Guía Portage que contempla el área autoayuda, lenguaje, cognición, socialización y desarrollo motriz.
  • Las baterías neuropsicológicas comprenden una variedad de subtest que miden diferentes funciones cognitivas. Entre ellas se encuentra el cuestionario de madurez neuropsicológica infantil (CUMANIN). Se administra entre los 3 y 6 años. Evalúa psicomotricidad, lenguaje, lectura, escritura, atención, estructuración espacial, memoria verbal, ritmo y lateralidad.
  • Para la valoración de la capacidad intelectual es muy utilizada la escala de Wechsler para niños (WISC-V) que proporciona información en cuatro áreas: comprensión verbal, razonamiento perceptivo, memoria operativa y velocidad de procesamiento, así como el cociente intelectual global.
  • En cuanto a las pruebas de valoración específica de una sola función cognitiva aislada como puede ser la atención, la memoria, el lenguaje o las funciones ejecutivas, un factor muy importante para elegir la prueba específica de valoración es la edad del niño, pues cada prueba contempla una franja de edad concreta.
  • Para la valoración de las alteraciones de conducta se suelen utilizar cuestionarios en la entrevista familiar y respecto a alteraciones del estado de ánimo, además de la entrevista clínica, se pueden administrar escalas de autoinforme como el inventario de depresión infantil (CDI) que contiene 27 preguntas con tres respuestas alternativas según la severidad del síntoma o la escala de ansiedad infantil.

Estimulación y Rehabilitación

La intervención o atención temprana (AT) engloba diferentes actuaciones, que aúnan los campos de la logopedia, la neuropsicología, la fisioterapia o la intervención psicopedagógica, orientadas a mejorar el pronóstico de los trastornos del neurodesarrollo. Parte de la premisa de que la precocidad de actuación es decisiva para una buena evolución. Esta intervención está dirigida a población infantil de 0 a 6 años.

El objetivo de la rehabilitación neuropsicológica será compensar, restaurar o sustituir los déficits cognitivos, así como tratar los problemas conductuales, emocionales y sociales de cara a conseguir la mayor recuperación y adaptación posible.
Una característica que diferencia la rehabilitación de los adultos de la de la población infantil es la adaptación de los materiales y el juego como medio y herramienta de rehabilitación. Las actividades y materiales deben estar ideados especialmente para el niño, teniendo en cuenta sus gustos e intereses.

Debe informar e instruir a la familia y los educadores para que los logros que se van consiguiendo se generalicen al ámbito familiar y escolar y será el encargado de evaluar e intervenir en los déficits cognitivos, emocionales y conductuales. En definitiva, la rehabilitación debe incluir a la familia y la escuela. Es recomendable dar las pautas por escrito a padres y profesores porque esto facilita su comprensión y su aplicación.

Por último, la intervención psicológica está encaminada al abordaje de las alteraciones de conducta y emocionales. Para estas alteraciones se recurre a la modificación de conducta de cara a enseñar, instaurar o incrementar comportamientos deseables y adaptativos, y por otro lado disminuir, restringir o eliminar las conductas disruptivas y que interfieren negativamente en el niño (Bruna et al, 2011).


Bibliografía:

¿De cuánta utilidad te ha parecido este contenido?

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación 5 / 5. Recuento de votos: 5

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

Ya que has encontrado útil este contenido...

¡Sígueme en los medios sociales!

Sáenz Castaño Jagoba

Graduado en Psicología, Master en Psicología Forense, Master en Psicología General Sanitaria

Deja un comentario