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En las últimas décadas la neuropsicología abarca no solo el estudio, la evaluación y tratamiento de la afectación cognitiva, emocional y conductual de los trastornos neurológicos, sino también los cambios conductuales y cerebrales relacionados con otros trastornos como los trastornos mentales graves. Si se asume que toda conducta, sea esta adaptativa o patológica, es fruto y consecuencia de los procesos del cerebro, es lógico pensar que no hay trastorno mental que no responda a una disfunción cerebral, o lo que es lo mismo, no hay una alteración psiquiátrica que no sea un trastorno neuropsiquiátrico.



Introducción

La neuropsicología de la esquizofrenia y las adicciones es un campo fascinante que busca comprender las complejas interacciones entre la salud mental, el funcionamiento cerebral y el comportamiento humano. Tanto la esquizofrenia como las adicciones son trastornos que afectan profundamente la vida de quienes las padecen, generando desafíos significativos en términos de salud, relaciones interpersonales y funcionamiento diario. Comprender la base neuropsicológica subyacente a estas condiciones es crucial para mejorar los enfoques terapéuticos y promover estrategias de tratamiento más efectivas.

La esquizofrenia es un trastorno mental crónico y grave que altera la percepción de la realidad, afectando el pensamiento, las emociones y el comportamiento de una persona. Los estudios neuropsicológicos han revelado diferencias en la estructura y la función cerebral en individuos con esquizofrenia, como alteraciones en áreas cerebrales clave involucradas en la percepción, la memoria y el procesamiento emocional. Estas variaciones pueden influir en la cognición, la toma de decisiones y la capacidad para interactuar con el entorno.

Por otro lado, las adicciones, ya sean a sustancias como alcohol, drogas, o comportamentales como el juego, tienen un impacto profundo en el cerebro y su funcionamiento. Los estudios han identificado cambios neurobiológicos asociados con la adicción, incluyendo alteraciones en el sistema de recompensa del cerebro, la memoria, el control de los impulsos y la toma de decisiones. Estas modificaciones neuronales pueden perpetuar el ciclo de la adicción y dificultar la recuperación.

La intersección entre la esquizofrenia y las adicciones es un campo de estudio emergente en la neuropsicología. La comprensión de cómo estas condiciones interactúan a nivel neuropsicológico es crucial para desarrollar enfoques terapéuticos más eficaces y mejorar la calidad de vida de quienes las experimentan.


La esquizofrenia

La esquizofrenia se inicia en la adolescencia o al principio de la edad adulta y en la actualidad se desconoce su etiología, que se presupone causada por multitud de genes que interactúan con los efectos de otros genes y factores ambientales (Tirapu, Ríos-Lago y Maestú, 2008).

De todos los trastornos mentales, la esquizofrenia es la entidad más estudiada desde la neuropsicología, desde que Green (1996) pusiera de manifiesto el impacto que el déficit cognitivo tiene en ella. En la actualidad se admite que los déficits cognitivos son una característica de la esquizofrenia.

Algunos estudios observan que los pacientes con esquizofrenia muestran rendimientos más pobres en escalas que miden capacidad intelectual comparados con sujetos controles y con sujetos con trastorno bipolar.
Los déficits de atención, presentes en la esquizofrenia, se han encontrado también en otras entidades psiquiátricas por lo que los déficits atencionales se consideran como marcadores de enfermedades psiquiátricas graves de forma general, al coexistir prácticamente en todos ellos.

Los pacientes con esquizofrenia presentan déficit de memoria, caracterizados por una ejecución peor en las tareas de recuerdo que en las de reconocimiento y en las de recuerdo diferido respecto a las de recuerdo inmediato. También se observan déficit en el procesamiento y organización de la información, siendo estos déficits más intensos en la esquizofrenia que en otros trastornos psiquiátricos como el trastorno bipolar. En la esquizofrenia los déficits de memoria son estables a lo largo del tiempo.

Los pacientes con esquizofrenia presentan una ejecución deficitaria en los test que miden funcionamiento ejecutivo. Algunos de estos déficits cognitivos que se han descrito han sido propuestos como endofenotipos de la esquizofrenia como: la memoria de trabajo, las funciones ejecutivas, la memoria, la fluidez verbal y la atención.


Dificultades en pacientes con esquizofrenia

Varios estudios han mostrado las dificultades de los pacientes con esquizofrenia en lo que se conoce como cognición social. La cognición social está compuesta por una serie de procesos mentales y conductuales que permiten al individuo interaccionar adecuadamente en su entorno. Los déficits en cognición social conllevan en estos pacientes percepciones e interpretaciones erróneas, conductas y reacciones inesperadas y aislamiento social.

Habitualmente, para la valoración de los déficits cognitivos asociados a la esquizofrenia (Las áreas propuestas a valorar son: la memoria de trabajo, la atención, la capacidad de aprendizaje y memoria, el razonamiento y la resolución de problemas, la velocidad de procesamiento y la cognición social) se crea una entrevista estructurada, la Schizophrenia Cognition Rating Scale para valorar la severidad de los déficits cognitivos a través de familiares y pacientes.

En la actualidad, desde el punto de vista del tratamiento, se apuesta por una intervención global en la esquizofrenia que aborde no solo la sintomatología propia, sino los déficits cognitivos y la repercusión funcional, de cara a mejorar el nivel de vida de los afectados y sus familiares.

Además del tratamiento farmacológico normalmente con antipsicóticos, es recomendable llevar a cabo rehabilitación cognitiva. A veces se ha extrapolado el tipo de ejercicios de rehabilitación cognitiva que se realizan con pacientes con daño cerebral, sin embargo, en la esquizofrenia no se ponen en marcha procesos de regeneración y reorganización neuronal, por lo que no tiene tanto sentido reforzar las funciones afectadas, sino entrenar habilidades alternativas y estrategias compensatorias que ayuden a un mejor funcionamiento del paciente.


Las adicciones

Las alteraciones que definen la adicción tienen importantes correlatos neuropsicológicos a nivel de una presumible disfunción de las habilidades encargadas de organizar y programar conductas dirigidas a objetivos y tomar decisiones adaptativas. Desde una perspectiva neuropsicológica, se considera que la adicción es resultado de un conjunto de alteraciones cerebrales que afectan a múltiples sistemas neurobiológicos y que resultan en disfunciones de los procesos motivacionales, emocionales, cognitivos y conductuales.

Los modelos contemporáneos de adicción proporcionan una visión neuro-evolutiva, dimensional y cambiante de la naturaleza del trastorno. Una vez iniciado el consumo, la sensibilización de los sistemas interoceptivos, motivacionales y de estrés, y la exacerbación de los déficits de flexibilidad y toma de decisiones pueden tornar la conducta adictiva en habitual e inflexible, maximizando las dificultades para aprender de los errores y acometer decisiones más adaptativas.

En los últimos años se ha destacado la contribución de la corteza prefrontal, la región cerebral responsable de las funciones ejecutivas, en distintos aspectos del proceso adictivo incluyendo la vulnerabilidad a iniciarse en el consumo de drogas, la progresión entre el consumo recreativo y la dependencia, el craving o las recaídas. Por tanto, a nivel neuropsicológico, el desarrollo de la capacidad para inhibir conductas y afectos predominantes, pero desadaptativos resulta clave para determinar diferencias individuales en la susceptibilidad al consumo de drogas y la adicción.

Transcurridos entre tres y cinco años de abstinencia el rendimiento cognitivo alcanza niveles normales o premórbidos, siendo las funciones ejecutivas las más resistentes a la recuperación. La edad, no obstante, es un factor importante, ya que parece constatado que en pacientes de mayor edad la afectación cognitiva es mayor y los déficits revierten con mayor dificultad.


El alcoholismo

En relación al consumo de alcohol, es ampliamente conocido que el alcoholismo causa importantes alteraciones a nivel cerebral y deterioro cognitivo. Diferentes estudios revelan que los pacientes con abuso y dependencia del alcohol presentan alteraciones de atención, aumento en sus tiempos de reacción y afectación de la memoria de trabajo.

Diversos estudios han concluido que las habilidades visoespaciales y perceptivo-motoras son las funciones más deterioradas en personas con alcoholismo. Además, aproximadamente dos tercios de los pacientes presentan déficit de funcionamiento ejecutivo. En este sentido se ha encontrado dificultad en la capacidad de planificación, en la flexibilidad, en la inhibición y la capacidad para corregir la conducta en función de la experiencia.


Adicción a las drogas

En cuanto a la cocaína, se encuentran déficits cognitivos asociados a funciones como la atención, la memoria, tanto verbal como visual o el funcionamiento ejecutivo, sobre todo en la capacidad de inhibición.

Al analizar los efectos sobre la cognición en cannabis, se han llevado a cabo trabajos sobre voluntarios a los que se le administra dosis controladas de esta sustancia, sobre todo para valorar los efectos inmediatos de una intoxicación que señalan alteración en los procesos de atención y memoria. En estudios realizados con consumidores habituales, de nuevo se encuentran alteraciones en la capacidad atencional, una función frecuentemente afectada en todas las adicciones. Se ha encontrado afectación en la velocidad de procesamiento, en aprendizaje y memoria y en funciones ejecutivas. De estos factores se ha encontrado una fuerte relación entre la duración del consumo y la severidad de los déficits, así como en la persistencia de estos.

Respecto a los efectos cognitivos sobre el consumo de opiáceos, de nuevo encontramos afectación cognitiva relacionada con el consumo en funciones como la atención o la memoria y además los tratamientos con metadona pueden provocar alteraciones cognitivas añadidas, no obstante, parece que la afectación cognitiva es reversible tras la abstinencia.

Se han propuesto varias alteraciones cognitivas como predictoras de un consumo posterior como diferencias en la capacidad intelectual, en la habilidad verbal o en el rendimiento académico. Parece que el déficit ejecutivo puede ser un factor predisponente para la aparición de conductas de abuso de sustancias. Uno de los componentes de las funciones ejecutivas que ha resultado ser más predictivo es la capacidad de inhibición y la toma de decisiones.


Neuropsicología de los sujetos adictos

La evaluación neuropsicológica de individuos con adicciones se enfoca en comprender y medir diferentes aspectos cognitivos que pueden verse afectados. Para evaluar la atención, se emplean pruebas como el test d2, Touluose-Pieron, ejecución continua, atención breve y el Trail Making Test (TMT). La memoria se valora mediante la presentación y reproducción de material verbal o visual, diferenciando entre la memoria inmediata y demorada. Para evaluar la memoria, se utilizan baterías completas como el test conductual de memoria de Rivermead, la escala de memoria de Weschler y el TAVEC.

Los individuos adictos muestran déficits cognitivos en las funciones ejecutivas. La actividad del sector dorsolateral está vinculada con la ejecución en pruebas como la torre de Hanoi o el test de Stroop, mientras que el sector ventromedial no se muestra sensible a dichas pruebas. El circuito orbital está asociado con dificultades en la autorregulación y la conducta. La evaluación de las funciones ejecutivas implica procesos como velocidad de procesamiento, memoria de trabajo, fluidez verbal, inhibición, abstracción, flexibilidad cognitiva, planificación y toma de decisiones.

La evaluación de la cognición social en individuos adictos es vital. Se emplean pruebas para medir el reconocimiento facial de emociones, expresión emocional a través de la mirada, empatía y juicio moral. Además, se han desarrollado escalas como la Escala de Comportamiento del Sistema Frontal (FrSBe) y el Cuestionario Disejecutivo para valorar el funcionamiento cotidiano.

Una evaluación integral desde una perspectiva neurocientífica involucra una evaluación neuropsicológica completa, el análisis de la sintomatología cotidiana mediante escalas y la valoración del desempeño en situaciones reales. También se considera el uso de técnicas de neuroimagen. Esta evaluación integral enriquece la atención brindada a personas con adicciones, complementando los servicios habituales con un enfoque científico-clínico que busca mejorar la calidad del cuidado ofrecido.


Bibliografía:

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Sáenz Castaño Jagoba

Graduado en Psicología, Master en Psicología Forense, Master en Psicología General Sanitaria

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