La prevención e intervención psicológica desempeñan un papel crucial en la gestión del estrés y la promoción de estilos de vida saludables. la evaluación cognitiva y las estrategias de afrontamiento son elementos esenciales en el abordaje psicológico de situaciones estresantes.
Lazarus y Folkman, 1984.
Definición de estrés
El estrés se define como los cambios psicofisiológicos en respuesta a una demanda excesiva de recursos. Frente a situaciones estresantes, el cuerpo se prepara para la acción mediante la liberación de glucosa, aumento de la respiración celular y la inhibición de sistemas secundarios, manifestando la respuesta de lucha/huida, evaluada como adaptativa. Sin embargo, si el estrés persiste, esta respuesta puede volverse nociva, llevando al síndrome general de adaptación, descrito por Selye en 1926.
Este síndrome consta de tres etapas:
- Fase de reacción de alarma, el cuerpo se prepara para la acción.
- Fase de resistencia, se mantiene sobreactivado por un tiempo limitado.
- Fase de agotamiento, aparecen alteraciones psicosomáticas debido a la dificultad de mantener la sobreactivación indefinidamente, como trastornos cardiovasculares.
El estrés es un factor de riesgo que aumenta la susceptibilidad a enfermedades, pero no puede considerarse como causa única. Por ejemplo, tras el estrés por exámenes, el sistema inmunitario se debilita, aumentando la probabilidad de contraer una gripe. La causa de la enfermedad sigue siendo el virus de la gripe; el estrés solo contribuye a la aceleración y predisposición del proceso. La comprensión de estas dinámicas es crucial para la prevención e intervención en trastornos psicopatológicos, enfocándose en mitigar los efectos del estrés crónico y sus consecuencias fisiológicas.
Factores Determinantes en la Percepción del Estrés
Para evaluar que convierte una situación en estresante, hay que analizar la percepción de la situación como amenazante por el individuo.
Existen múltiples diferencias individuales en la percepción del estrés, donde una carga de trabajo puede ser estresante para algunos y no para otros, dependiendo de factores como el hábito de trabajo y la resistencia personal. Sin embargo, hay puntos comunes que la mayoría considera estresantes, como la impredecibilidad de los acontecimientos, la incontrolabilidad y la falta de apoyo social.
La incapacidad para predecir los acontecimientos y la incontrolabilidad de los mismos generan mayor estrés percibido. Aspectos como el ruido ambiental elevado también se perciben como más estresantes. El apoyo social actúa como amortiguador, y su ausencia aumenta el estrés.
Los acontecimientos vitales estresantes se definen por reunir características como la impredecibilidad, incontrolabilidad y escaso apoyo social, aumentando la probabilidad de desarrollar enfermedades psicosomáticas. Finalmente, la valoración cognitiva de la situación, según Lazarus y Folkman (1984), es crucial. Una situación se convierte en estresante cuando la evaluación del peligro percibido excede los recursos propios del individuo para superarlo, destacando la importancia de intervenir en la interpretación cognitiva de eventos potencialmente estresantes.
Impacto del Estrés en los Sistemas Orgánicos
El estrés, un proceso que permea múltiples sistemas del organismo, desencadena efectos considerables que se extienden desde el sistema cardiovascular hasta el inmunológico. En el sistema cardiovascular, se observa un aumento de la frecuencia cardíaca, constricción arterial y liberación de vasopresina, contribuyendo a condiciones cardíacas críticas como infarto de miocardio y accidentes cerebrovasculares. Este complejo mecanismo fue descrito por Lazarus y Folkman (1984), quienes resaltaron la importancia de la interpretación cognitiva en el estrés.
En el ámbito gastrointestinal, el estrés afecta la función salivar, contracciones estomacales y secreción de ácidos, siendo un factor de riesgo para úlceras gástricas y trastornos intestinales. Aunque el estrés no se considera la única causa de úlceras gástricas, su contribución es significativa, especialmente cuando se combina con factores como una dieta inadecuada, según estudios de Cohen et al. (1995).
En el sistema endocrino, el estrés desencadena la liberación de hormonas para obtener energía. Sin embargo, su persistencia contribuye a la disminución de la liberación de insulina, aumentando el riesgo de diabetes tipo II. Este proceso ha sido investigado por diversos autores, como Selye (1926), pionero en la conceptualización del síndrome general de adaptación.
En el sistema inmunitario, el estrés reduce la eficacia de las células T y B, comprometiendo la respuesta inmunológica. Este fenómeno se debe a la activación del sistema simpático y la liberación de glucocorticoides, según estudios de Kiecolt-Glaser et al. (2015), evidenciando la complejidad de las interacciones entre el estrés y la salud.
Estrés: Respuesta Adaptativa y Estrategias Multidimensionales de Afrontamiento
El estrés, lejos de ser siempre considerado negativo, se revela como una respuesta adaptativa del organismo ante situaciones que demandan una movilización rápida. No obstante, la repetición de situaciones estresantes, el fracaso en la resolución de problemas o su prolongación en el tiempo pueden llevar al sujeto a una fase de extenuación y agotamiento. Aquí, emergen estrategias de manejo y afrontamiento del estrés, clasificadas como prevención primaria (en momentos iniciales), secundaria (manejo de los primeros síntomas) y terciaria (evitación de recaídas).
En la sociedad actual, la creencia en la relación directamente proporcional entre trabajo y éxito ha contribuido al contagio del estrés en un marco de exigencias continuas. La falta de equilibrio entre trabajo y ocio, junto con la urgencia y competitividad, desencadenan el estrés. La relajación emerge como estrategia clave, destacando la respiración abdominal y la relajación muscular progresiva de Jacobson, respaldadas por Labiano (2003), como eficaces en la prevención del estrés.
El estrés laboral alcanza su máximo exponente en el síndrome de burnout, manifestado por actitudes negativas y emocionalmente agotado. Estrategias como la canalización de emociones, la práctica de actividad física y el entrenamiento en habilidades sociales, especialmente la asertividad, se revelan cruciales en la prevención.
Las estrategias cognitivas de afrontamiento, respaldadas por la psicología positiva, incluyen la reestructuración cognitiva, identificando estados emocionales negativos. La técnica de inoculación del estrés de Meichenbaum, con fases educativas, de ensayo y adquisición de habilidades, y de implementación, busca sustituir creencias irracionales por pensamientos positivos.
Mindfulness
El programa de reducción del estrés basado en la atención plena (REBAP) prioriza el mindfulness como herramienta esencial. Fundamentado en la psicoterapia de tercera generación y la terapia de aceptación y compromiso (ACT), el mindfulness se erige como una estrategia clave para cultivar una atención y compasión más profundas, focalizándose en mejorar la salud, el bienestar y reducir el estrés físico y mental vinculado a desequilibrios, sufrimientos y enfermedades.
Desarrollada en la década de 1980 por Jon Kabat-Zinn, la práctica del mindfulness implica la capacidad de estar plenamente presente en el momento actual. Va más allá de una simple atención, abarcando la conciencia plena de sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos, sin juzgarlos. Kabat-Zinn, un pionero en la aplicación del mindfulness en contextos clínicos, destaca su eficacia en la reducción del estrés y la mejora del bienestar psicológico.
La implementación regular de mindfulness conlleva beneficios sustanciales, tales como la creación de momentos de tranquilidad y autocuidado. Además, favorece la conexión interpersonal, la mejora en la escucha y el aprendizaje a través de la experiencia del estar presente. La práctica también capacita para reconocer y gestionar estresores, desarrollar empatía frente a situaciones estresantes y observar hábitos generadores de estrés y sufrimiento.
La atención plena a través del mindfulness actúa como una herramienta integral para recuperar el equilibrio mente-cuerpo. Facilita la interrupción de la rumiación de pensamientos obsesivos, promoviendo una atención no reactiva.
Esta técnica, respaldada por estudios de Kabat-Zinn, proporciona una vía efectiva para afrontar los desafíos del estrés y mejorar significativamente la calidad de vida.
Apoyo social
Los sistemas de apoyo social desempeñan un papel crucial como amortiguadores de los efectos del estrés, ofreciendo a los individuos recursos para enfrentarlo. Este apoyo, proveniente de personas significativas, abarca desde compartir responsabilidades hasta brindar consejo y respaldo emocional, proporcionando una red de ayuda integral. Investigaciones, como el estudio realizado por Fedman et al. (1988), han demostrado la influencia positiva del apoyo social en la salud mental y el afrontamiento de situaciones estresantes.
Dentro del espectro del apoyo social, se distinguen distintos tipos, cada uno contribuyendo de manera única:
- Apoyo Emocional: Incluye empatía, afecto y confianza.
- Apoyo Instrumental: Se refiere a la ayuda con tareas prácticas y comportamientos de cuidado.
- Apoyo Informativo: Implica proporcionar información para que el individuo pueda enfrentar la situación estresante de manera efectiva.
- Apoyo Evaluativo: Otra persona sirve como fuente de información para que el individuo pueda autoevaluar sus pensamientos.
La solicitud de ayuda varía según la personalidad y las características individuales, siendo más común en mujeres y aumentando con el desarrollo desde la adolescencia hasta la edad adulta. La búsqueda de apoyo social impacta positivamente en la autoestima y competencia social, generando recursos de protección contra el estrés sostenido. Esta dinámica se evidencia en el estudio de Fedman et al. (1988), donde los adolescentes con redes sociales más estrechas manifestaron menos síntomas depresivos tras enfrentar eventos estresantes, como la separación de sus padres.
Bibliografía:
- Lazarus, R. S., & Folkman, S. (1984). Stress, Appraisal, and Coping. Springer.
- Kabat-Zinn, J. (2003). Mindfulness-based interventions in context: Past, present, and future. Clinical Psychology: Science and Practice, 10(2), 144-156.
- Uchino, B. N. (2018). Understanding the links between social support and physical health: A life-span perspective with emphasis on the separability of perceived and received support. Perspectives on Psychological Science, 13(2), 137-155.
- Steptoe, A., & Kivimäki, M. (2013). Stress and cardiovascular disease: An update on current knowledge. Annual Review of Public Health, 34, 337-354.
- McEwen, B. S. (2012). Brain on stress: How the social environment gets under the skin. Proceedings of the National Academy of Sciences, 109(Supplement 2), 17180-17185.
