En este tema veremos el proceder del terapeuta en el proceso de duelo y pérdida. Para ello, nos apoyaremos en el trabajo de Payás (2010) y su modelo de necesidades y tareas en el contexto terapéutico.
Payás (2010)
| La primera reacción ante una mala noticia de fallecimiento de un ser querido es la incredulidad y confusión, también sentimientos de pérdida de capacidad reactiva, desrealización, etc. En ocasiones, puede ocurrir el efecto contrario, experimentar una situación de euforia (estado hipomaníaco) y seguir con sus funciones diarias como si nada hubiera sucedido. Estas reacciones representan un mecanismo de defensa con una función anestésica que protege a la persona, como si de un filtro de la realidad se tratara, y permite la asimilación de la realidad de manera progresiva. |
Estado emocional del paciente durante el duelo:
Para valorar el estado en el que se encuentra el paciente, el terapeuta debe tener en cuenta una serie de variables (Payás, A., 2010):
- Descripción general. La primera reacción ante la pérdida.
- Función adaptativa. Elabora los aspectos traumáticos asociados a las circunstancias de la muerte, asimila la realidad de la muerte.
- Valorar las respuestas de afrontamiento. La oscilación aguda inconsciente entre afrontamientos de evitación y confrontación.
- Sintomatología asociada a estrés postraumático. Valorar si existe reexperimentación intensa del trauma en el tiempo.
- Valoración de las variables de riesgo: Si la muerte fue circunstancial (súbita, violenta, pérdidas múltiples, etc.). Si la persona que recibe la noticia tiene asociada enfermedad mental. Traumas acumulativos, presiones sociales para una pronta recuperación.
Afrontamiento del duelo:
Las fases del duelo según el modelo de necesidades y tareas de Alba Payás, 2010, son las siguientes:
Aturdimiento o choque:
La primera reacción ante una mala noticia de fallecimiento de un ser querido es la incredulidad y confusión. Las reacciones que normalmente se dan son: llorar, desesperarse, tener reacciones agresivas o estados emocionales agudos como anonadamiento, incredulidad, aturdimiento, etc. En ocasiones, puede ocurrir el efecto contrario, experimentar una situación de euforia y seguir con sus funciones diarias como si nada hubiera sucedido. Estas reacciones representan un mecanismo de defensa con una función anestésica que protege a la persona, como si de un filtro de la realidad se tratara, y permite la asimilación de la realidad de manera progresiva.
Para valorar el estado en el que se encuentra el paciente, el terapeuta debe tener en cuenta factores de riesgo. Si la muerte fue circunstancial (súbita, sin tiempo de preparación de la pérdida, si la muerte fue violenta, si la pérdida es un niño o adolescente, pérdidas múltiples, etc.). Si la persona que recibe la noticia tiene asociada enfermedad mental, traumas acumulativos, o presiones sociales para una pronta recuperación.
Evitación o negación:
La persona en duelo comienza poco a poco a conectar con la realidad. Cada vez se es más consciente de lo que ha sucedido. En ocasiones, aparecen nuevas respuestas de afrontamiento: la evitación y la negación suelen ser las más habituales. Aparecen sentimientos emocionales como la rabia o la culpa, que experimentan hacia ellos o hacia los demás. Se suelen dar dos situaciones: bien se habla obsesivamente de las circunstancias de la muerte o bien se evita hablar de cualquier cosa que tenga que ver con lo sucedido.
Conexión e integración:
La persona comienza a tolerar mejor el sufrimiento asociado a la ausencia. La persona siente la necesidad de estar en conexión con los recuerdos, no rehúye el dolor, por tanto, no opone resistencia a expresar lo que siente. Desaparece la culpa y la responsabilidad. Puede conectar con el ser ausente a través de un diálogo interno y encuentra alivio en esta conversación imaginada. Los problemas en esta fase tienen que ver con la capacidad de la persona afectada para dejar ir, perder u olvidar a la persona perdida. En algunas ocasiones la persona encuentra en el sufrimiento un significado apropiado a su guion vital (duelo crónico). Payás (2010) hace especial énfasis en el estilo de apego desarrollado en la infancia. La autora comenta que las personalidades con estilos de vinculación insegura van a desarrollar de guion de vida tipo víctima y para ellas el duelo va a ser una confirmación más de su manera de vida.
Crecimiento y transformación:
Esta fase se define como el proceso de integración del impacto recibido por la muerte de un ser querido, que se desarrolla y evoluciona en el tiempo como una experiencia de aprendizaje cuyo resultado final es la transformación de la propia identidad. Esto no significa que no sientan la pérdida. En este sentido, se dan cambios en la percepción de uno mismo, cambios en las relaciones con los demás, y cambios en el sentido o la filosofía de la vida. En general, las personas dejan de acudir a terapia cuando la sintomatología remite, se sienten capaces y funcionales en su día a día.
Fases del proceso de counselling:
La técnica del counselling, que se centra en los problemas y preocupaciones del paciente, con el objetivo de ayudar a afrontar situaciones y cambio de conductas. Además, es un instrumento fundamental en toda estrategia que pretenda informar, educar y comunicar.
El proceso de counselling lo podemos dividir en tres etapas diferenciadas: exploración, nueva compresión y acción.
- Fase de exploración. El profesional establece un clima cálido para que el cliente pueda explorar el problema desde su marco de referencia y valores antes de abordarlos y centrarse en las soluciones. La herramienta principal del profesional es la escucha activa.
- Fase de nueva compresión. El profesional establece un marco de ayuda que permita llegar al paciente a ver nuevas perspectivas o soluciones, así como las acciones que ha de llevar a cabo para poder realizarlas.
Fase de acción. Se ayuda al paciente a considerar las nuevas acciones, los modos de actuar, a valorar los costos y las consecuencias. Se genera un plan de acción para poder llevar a cabo las nuevas decisiones o soluciones.
Bibliografía:
- Bayés, R. (1997). El Counselling como instrumento terapéutico. En M. I. Hombrado (Ed). Estrés y salud (pp.343-350). Valencia: Promolibro.
- Ho, S.M., Chan, C.L., Ho, R.T. (2004). Posttraumatic growth in Chinese cancer survivors. Psycho-oncology, 13(6), 377-89.
- Kuiper, E.J., Witmer, A.N., Klaassen, I., Oliver, N., Goldschmeding, R. y Schlingemann, RO. (2004). Differential expression of connective tissue growth factor in microglia and pericytes in the human diabetic retina. British Journal of Ophthalmology, 88(8), 1082–1087.
- Payás, A. (2010). Las tareas del duelo: psicoterapia de duelo desde un modelo integrativo relacional. Barcelona: Paidós ibérica.
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