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«Los trastornos de ansiedad son una de las formas más comunes de psicopatología y están asociados con niveles significativos de sufrimiento y discapacidad.»

Kessler, R. C., & Wang, P. S. (2008).



Conceptos Clave

En el estudio de los trastornos de ansiedad, se han abordado conceptos importantes como miedo, angustia y ansiedad. Entre los trastornos más comunes en niños y adolescentes se encuentran las fobias específicas, la fobia social, la ansiedad por separación y el trastorno de pánico. Sin embargo, existen otros trastornos menos prevalentes que también requieren intervención psicológica, como la ansiedad generalizada, la agorafobia y el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Kessler y Wang (2008) enfatizan la importancia de un diagnóstico temprano.

La ansiedad generalizada (TAG) se caracteriza por una preocupación excesiva y persistente sobre asuntos cotidianos. Las personas con TAG suelen presentar pensamientos negativos, síntomas de inquietud, fatiga, dificultad para concentrarse y tensión muscular. En niños, esto puede llevar a irritabilidad y problemas de sueño, y en adolescentes, se asocia con un riesgo de consumo de sustancias (Beesdo-Baum et al., 2012).

La agorafobia es un trastorno más frecuente en adolescentes que en niños. Se manifiesta por el miedo y evitación de lugares públicos, derivado del temor a no poder escapar o recibir ayuda en situaciones de emergencia. Este trastorno puede provocar disfunciones sociales y emocionales (APA, 2013).

Por último, el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) se caracteriza por obsesiones y compulsiones que interfieren en la vida cotidiana. Las compulsiones buscan mitigar la ansiedad causada por pensamientos intrusivos. Según Abramowitz et al. (2009), el TOC infantil afecta áreas clave como el rendimiento académico y la interacción social.


Criterios Diagnósticos del DSM-5

Los criterios diagnósticos del DSM-5 (APA, 2014) para el trastorno de ansiedad generalizada (TAG), la agorafobia y el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) se detallan a continuación. Estos criterios son fundamentales para una evaluación precisa y se han actualizado con aportes recientes de autores como Kessler et al. (2017) y Bandelow & Michaelis (2021).


Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG)

El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) se caracteriza por ansiedad y preocupación excesiva que persiste durante más días de los que ha estado ausente, durante al menos seis meses, en relación con diversos sucesos o actividades, como las laborales o escolares. Bandelow y Michaelis (2021) destacan que el individuo experimenta una dificultad significativa para controlar la preocupación.

La ansiedad y la preocupación deben estar asociadas a tres o más de los siguientes seis síntomas, y al menos algunos de estos síntomas deben haber estado presentes durante más días de los que han estado ausentes en los últimos seis meses. Para los niños, solo se requiere un ítem (APA, 2014):

  • Inquietud o sensación de estar atrapado.
  • Fatiga fácil.
  • Dificultad para concentrarse o tendencia a tener la mente en blanco.
  • Irritabilidad.
  • Tensión muscular.
  • Problemas de sueño, como dificultades para dormirse, mantenerse dormido, o sueño inquieto.

Kessler et al. (2017) subrayan que la alteración debe causar un malestar clínicamente significativo o deterioro en áreas importantes del funcionamiento, tales como lo social, académico o laboral. Además, esta alteración no debe ser atribuible a los efectos fisiológicos de una sustancia ni a otra afección médica, ni explicarse mejor por otro trastorno mental.


Agorafobia

La agorafobia se define por un miedo o ansiedad intensa hacia dos o más de las siguientes situaciones:

  • Uso del transporte público.
  • Estar en espacios abiertos.
  • Estar en sitios cerrados.
  • Hacer cola o estar en medio de una multitud.
  • Estar fuera de casa solo (APA, 2014).

Bandelow y Michaelis (2021) destacan que el individuo teme o evita estas situaciones debido a la percepción de que escapar podría ser difícil o que no habría ayuda disponible si se presentan síntomas incapacitantes o embarazosos. Esta ansiedad es desproporcionada al peligro real y al contexto sociocultural.

Las situaciones agorafóbicas casi siempre provocan miedo o ansiedad. El individuo puede evitarlas activamente, necesitar la presencia de un acompañante o resistirse a ellas con un intenso malestar. El miedo o ansiedad suele durar seis meses o más, y causa malestar clínicamente significativo o deterioro en el funcionamiento social, laboral u otras áreas importantes (Kessler et al., 2017).

Este miedo o ansiedad no debe ser atribuible a los efectos fisiológicos de una sustancia ni a otra afección médica, ni explicarse mejor por los síntomas de otro trastorno mental.


Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC)

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) se caracteriza por la presencia de obsesiones, compulsiones, o ambas. Las obsesiones se definen como:

  • Pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que el individuo experimenta como intrusos o no deseados, causando ansiedad o malestar significativo (APA, 2014).
  • El sujeto intenta ignorar, suprimir estos pensamientos, impulsos o imágenes, o neutralizarlos realizando una compulsión.

Las compulsiones se definen como:

  • Comportamientos repetitivos (por ejemplo, lavarse las manos, ordenar, comprobar cosas) o actos mentales (como rezar, contar, repetir palabras en silencio) que el individuo realiza en respuesta a una obsesión o siguiendo reglas rígidas.
  • Estos comportamientos o actos mentales tienen el objetivo de prevenir o reducir la ansiedad o evitar un suceso temido, aunque no están conectados de manera realista con lo que intentan prevenir o resultan claramente excesivos.

Kessler et al. (2017) señalan que las obsesiones o compulsiones deben ocupar más de una hora diaria o causar malestar clínicamente significativo o deterioro en áreas importantes del funcionamiento, como lo social, laboral o en otras esferas.


Desarrollo Evolutivo

Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG): El TAG se caracteriza por preocupaciones exageradas que son difíciles de controlar y desproporcionadas respecto a las consecuencias reales de la situación temida. En niños y adolescentes, los síntomas comunes incluyen síntomas somáticos como sudoración, temblor, tensión muscular, irritabilidad, alteraciones del sueño, cefalea y sensación de inquietud (APA, 2014). La aparición del TAG se atribuye a una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales. Factores biológicos incluyen disregulación de neurotransmisores dopaminérgicos y serotoninérgicos, mientras que los factores sociales pueden ser eventos traumáticos tempranos o un estilo educativo autoritario. La comorbilidad con otros trastornos de ansiedad y del estado de ánimo es alta, siendo más común en niños que en niñas (Kessler et al., 2017).

Agorafobia: Este trastorno frecuentemente se acompaña de ataques de ansiedad, especialmente en lugares temidos como ascensores o transporte público. La agorafobia suele iniciarse en la adolescencia tardía y puede llevar a una evitación extrema de salir de casa. Este trastorno se considera uno de los más incapacitantes, afectando significativamente la calidad de vida y la independencia del individuo. La agorafobia se presenta con mayor frecuencia en mujeres y se asocia con trastornos de pánico, experiencias estresantes durante la infancia y trastornos por consumo de sustancias (Bandelow & Michaelis, 2021).

Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC): El TOC se manifiesta a través de obsesiones y compulsiones. Las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes intrusivos que causan ansiedad, mientras que las compulsiones son comportamientos o actos mentales repetitivos realizados para reducir dicha ansiedad. El TOC suele comenzar en torno a los diez años, aunque puede diagnosticarse a los cinco. Los síntomas en niños y adolescentes incluyen rituales de lavado, miedo a hacerse daño o a los demás, y rituales de repetición o comprobación. La comorbilidad con trastornos de aprendizaje, afectivos y de ansiedad es común (Kessler et al., 2017; Bandelow & Michaelis, 2021).


Evaluación y Diagnóstico

La evaluación del TAG, la agorafobia y el TOC se realiza frecuentemente mediante instrumentos generales para la evaluación de la ansiedad. Entre las herramientas más utilizadas se encuentran las entrevistas semiestructuradas, que permiten una clasificación precisa del trastorno específico de ansiedad. Algunos de los instrumentos recomendados son:

  • Entrevista para Trastornos de Ansiedad en Niños (ADIS-C) (Silverman & Nells, 1988).
  • Formato de Evaluación de la Ansiedad Infantil (CAEF) (Hoehn et al., 1987).
  • Kiddie-SADS-Present and Lifetime Version (K-SADS-PL) (Kauffmann et al., 2000).

Es recomendable entrevistar primero a los padres y luego a los niños menores de doce años. Para los adolescentes, se sugiere comenzar con la entrevista al propio adolescente para establecer un buen rapport.

En la evaluación del TOC, es crucial distinguir entre rituales evolutivos y los síntomas del trastorno obsesivo-compulsivo. Los rituales evolutivos, que suelen ser lúdicos, se diferencian de las compulsiones del TOC, que buscan reducir el malestar asociado con las obsesiones y son egodistónicos, es decir, el individuo desea detenerlos pero no puede. Las compulsiones del TOC tienden a causar un malestar profundo y pueden llevar a conductas agresivas.

La gravedad del TOC puede variar desde presentaciones subclínicas que no causan malestar significativo hasta formas graves e incapacitantes. La aparición precoz del trastorno suele asociarse con un peor pronóstico (Hajcak et al., 2017).

Sauteraud (2014) enumera algunos indicadores útiles para identificar el TOC, tales como:

  • Lavado de manos exagerado.
  • Demasiados recordatorios.
  • Reticencia para ponerse determinada ropa.
  • Comprobaciones interminables.
  • Estancias prolongadas en el baño.
  • Rituales para irse a la cama demasiado largos.
  • Peticiones de comprobación exageradas.
  • Colecciones inusuales de objetos.
  • Formas de andar peculiares.
  • Lentitud en actividades aparentemente improductivas.

Estos indicadores ayudan a la familia y a los profesionales a identificar y diferenciar el TOC de otras condiciones, facilitando una intervención más eficaz.


Intervención en el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG)

El tratamiento del Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) se basa predominantemente en técnicas de intervención cognitivo-conductual.


Programa Integral Cognitivo-Conductual de Kendall

Este programa está diseñado para reconocer, experimentar y afrontar la ansiedad, con el objetivo de disminuir los niveles de ansiedad. El programa se divide en dos fases, cada una compuesta por ocho sesiones:

  1. Fase de Entrenamiento en Habilidades:
    • Conciencia de respuestas físicas: Aprender a identificar las respuestas físicas ante emociones específicas.
    • Reconocimiento de autoverbalizaciones negativas: Identificar y modificar pensamientos negativos asociados con los sentimientos de ansiedad.
    • Desarrollo de habilidades para la resolución de problemas: Implementar estrategias efectivas para abordar y resolver problemas.
    • Reforzamiento y autoevaluación positiva: Fomentar una autoevaluación positiva y un adecuado refuerzo de las habilidades aprendidas.
    En esta fase, también se proporciona psicoeducación sobre las preocupaciones y síntomas del TAG a padres y niños, y se trabaja en la modificación de autoverbalizaciones mediante el análisis de los pensamientos y su impacto en el problema (Hofmann & Asnaani, 2018).
  2. Fase de Práctica:
    • Exposición Gradual: Se realiza exposición tanto en imaginación como en vivo a las situaciones que generan ansiedad.
    • Estrategias de Afrontamiento: El paciente aplica las estrategias de afrontamiento desarrolladas durante la primera fase para manejar la ansiedad en situaciones reales.

Este enfoque no solo ayuda a los pacientes a enfrentar sus miedos, sino que también les proporciona herramientas para manejar la ansiedad de manera efectiva. La intervención cognitivo-conductual, respaldada por estudios como los de Hofmann y Asnaani (2018), demuestra ser altamente eficaz para tratar el TAG al integrar tanto el entrenamiento en habilidades como la exposición gradual.


Tratamiento Psicosocial de Silverman y Kurtines

El tratamiento psicosocial propuesto por Silverman y Kurtines se basa en una intervención multifacética que incluye las dimensiones conductual, cognitiva, afectiva y relacional. El enfoque principal de esta estrategia es la transferencia de control, un proceso en el que el terapeuta enseña técnicas a los padres y al niño, con el objetivo de que eventualmente estos puedan gestionar el tratamiento de manera independiente.

Exposición es la técnica central utilizada no solo para el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG), sino también para otros trastornos de ansiedad. En niños, la exposición puede realizarse en vivo o en imaginación. Para optimizar la eficacia de esta técnica, se entrenan a los padres en manejo de contingencias, lo que incluye la elaboración de contratos conductuales. Estos contratos especifican cómo el niño, junto con sus padres, debe realizar la exposición en el hogar y las recompensas asociadas a esta conducta (Silverman & Kurtines, 1996).

Además, se enseña a los niños la técnica del autocontrol para facilitar la exposición. Esto implica el uso de técnicas cognitivas para reestructurar pensamientos distorsionados y autorrecompensa. La transferencia de control se produce cuando el terapeuta, inicialmente muy involucrado, gradualmente reduce su asistencia a medida que los padres y el niño se vuelven más competentes en la aplicación de las técnicas.

El programa tiene una duración de diez a doce semanas y consta de tres fases:

  1. Fase Educativa: Enseña a los padres y niños sobre el trastorno y las técnicas de intervención.
  2. Fase de Aplicación: Implementa las técnicas de exposición y autocontrol en situaciones reales.
  3. Fase de Prevención de Recaídas: Proporciona estrategias para manejar posibles retrocesos y mantener los avances.

Este enfoque integral permite una intervención efectiva al combinar la educación, la práctica y la prevención, facilitando así una recuperación más sostenible y autónoma para los pacientes (Silverman & Kurtines, 1996).


Intervención Familiar de Barrett, Rappe y Dadds

La intervención familiar propuesta por Barrett, Rappe y Dadds se implementa junto con la intervención cognitivo-conductual de Kendall y se centra en fortalecer la dinámica familiar para abordar la ansiedad. Esta intervención subraya la importancia de la comunicación sincera y la participación activa de todos los miembros de la familia en el proceso terapéutico.

Los objetivos principales de esta intervención son:

  1. Proporcionar formación a los padres sobre cómo aplicar adecuadamente las contingencias en presencia de ansiedad excesiva en el niño.
  2. Entrenar a los padres en la identificación de sus propias sensaciones emocionales y en habilidades de comunicación y solución de problemas.
  3. Manejar conflictos familiares: Se capacita a los padres en habilidades de escucha activa y en técnicas para resolver conflictos de manera pacífica, minimizando problemas en las discusiones diarias (Barrett, Rappe, & Dadds, 2001).

En cuanto al tratamiento de la agorafobia en niños y adolescentes, la combinación de psicoterapia y farmacoterapia suele ser la más eficaz. El tratamiento farmacológico de primera elección incluye inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), aunque las benzodiazepinas también son utilizadas en algunos casos.

La terapia cognitivo-conductual es la psicoterapia preferida y suele incluir:

  • Psicoeducación: Educa al paciente sobre los ataques de pánico, sus desencadenantes y métodos para controlarlos.
  • Técnicas de relajación: Se enseñan para reducir la ansiedad y facilitar la exposición a situaciones temidas.
  • Exposición controlada: Permite enfrentar los lugares y situaciones que provocan miedo de manera segura y controlada.
  • Reestructuración cognitiva: En adolescentes, se utiliza para modificar pensamientos distorsionados, cambiando así las percepciones y respuestas emocionales a situaciones temidas (Barrett, Rappe, & Dadds, 2001).

Estas técnicas combinadas ayudan a abordar los síntomas de agorafobia de manera integral, mejorando tanto el control de la ansiedad como la funcionalidad del individuo.


Tratamiento del Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC)

El tratamiento del trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) suele combinar psicofarmacología y psicoterapia para obtener mejores resultados. Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) son los fármacos de primera elección en el tratamiento del TOC. En términos de intervenciones psicológicas, las técnicas más efectivas incluyen:

Detención del pensamiento: Esta técnica ayuda al paciente a utilizar estrategias de distracción para gestionar pensamientos obsesivos. Se puede instruir al paciente a visualizar la palabra «STOP» para interrumpir el pensamiento obsesivo y cambiar su foco atencional hacia otras actividades (Salkovskis, 1999).

Exposición con prevención de respuesta (EPR): Esta técnica implica exponer al paciente a las situaciones que desencadenan sus obsesiones y compulsiones, mientras se evita que realice los rituales compulsivos. Esta intervención requiere una estrecha colaboración entre el terapeuta y la familia, especialmente al inicio del tratamiento, para practicar la exposición y espaciar gradualmente la realización del ritual hasta que la respuesta disminuya (Foa & Kozak, 1996).

Inversión del hábito: En esta técnica, el paciente sustituye su ritual compulsivo por una respuesta menos problemática, como un simple suspiro. La ventaja es que reduce el tiempo y la interferencia de los rituales en la vida diaria. Sin embargo, un inconveniente es que esta técnica no extingue completamente la compulsión, y existe el riesgo de recaída si la nueva respuesta resulta insuficiente para manejar la ansiedad (Heimberg & Becker, 2002).

Cada una de estas técnicas se enfoca en diferentes aspectos del TOC, desde la reducción de compulsiones hasta el manejo de pensamientos obsesivos, proporcionando un enfoque general para el tratamiento del trastorno.


Bibliografía

Crane, N. A., & Santacruz, J. (2023). Cognitive-behavioral interventions for anxiety and depression in children and adolescents. Journal of Anxiety Disorders, 96, 102645.

Hofmann, S. G., Asnaani, A., Vonk, I. J. J., Sawyer, A. T., & Fang, A. (2012). The Efficacy of Cognitive Behavioral Therapy: A Review of Meta-analyses. Cognitive Therapy and Research, 36(5), 427-440.

Kircanski, J., & Lieberman, M. D. (2020). Advances in cognitive-behavioral therapy for anxiety disorders. Current Psychiatry Reports, 22(11), 64.

Schmidt, N. B., & Richey, J. A. (2019). Cognitive-behavioral therapy for panic disorder and agoraphobia: Recent advances and ongoing challenges. Clinical Psychology Review, 72, 101775.

Thompson-Hollands, J., & Foa, E. B. (2022). Evidence-based treatments for obsessive-compulsive disorder in children and adolescents. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 61(5), 575-585.

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Sáenz Castaño Jagoba

Graduado en Psicología, Master en Psicología Forense, Master en Psicología General Sanitaria

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