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“Los presocráticos y el origen del pensamiento racional nos recuerdan que el verdadero despertar de la mente humana comenzó cuando el hombre decidió observar, cuestionar y comprender el universo sin miedo.”

Sáenz Castaño Jagoba, 2025.


Introducción

Los presocráticos fueron los primeros pensadores que intentaron explicar el mundo desde la razón y la observación, dejando atrás la interpretación mítica. Su búsqueda del conocimiento marcó el inicio de la filosofía occidental y del pensamiento científico. Estos filósofos vivieron en un tiempo donde la curiosidad superó al miedo, y el ser humano comenzó a mirar la naturaleza como un conjunto de leyes que podían entenderse (Copleston, 2019).

Figuras como Tales de Mileto, Anaxímenes o Heráclito transformaron la forma de pensar. Tales fue el primero en afirmar que todo provenía del agua; Anaxímenes, del aire; y Heráclito, del fuego. Aunque sus respuestas eran simples, lo importante fue el método: buscar causas naturales sin recurrir a los dioses. Esta actitud racional abrió el camino a la ciencia y a la reflexión crítica sobre la realidad (Burnet, 2020; Kirk & Raven, 2018).

El paso del mito al logos fue una revolución intelectual. Los presocráticos nos enseñaron que el pensamiento racional no niega la espiritualidad, sino que la complementa con comprensión. En esa búsqueda por entender el cosmos, el ser humano empezó a entenderse a sí mismo. Hoy, su legado nos recuerda la necesidad de recuperar esa mirada curiosa y respetuosa hacia la naturaleza, base de toda sincronía entre mente, universo e inteligencia artificial.


El paso del mito al logos

Antes del surgimiento de la filosofía, los seres humanos explicaban el mundo a través del mito. Los relatos mitológicos ofrecían respuestas sobre el origen del universo, los dioses y el destino, pero lo hacían desde la imaginación y la tradición oral. Estas historias no buscaban ser comprobadas, sino transmitir valores, temores y esperanzas. Sin embargo, en el siglo VI a. C., en la antigua Grecia, comenzó a gestarse un cambio profundo: el nacimiento del logos, es decir, la razón como forma de comprender la realidad (Guthrie, 2019).

El paso del mito al logos representó una auténtica revolución intelectual. Los primeros filósofos empezaron a observar la naturaleza con una mirada crítica y racional, intentando descubrir principios universales que explicaran los fenómenos sin recurrir a lo divino. Este proceso no eliminó por completo la espiritualidad, pero sí transformó la forma de pensar, abriendo camino al análisis, la lógica y la ciencia (Barnes, 2020).

La diferencia principal radica en que el mito acepta, mientras que el logos pregunta y busca entender. Esta actitud marcó el inicio del pensamiento racional, donde el conocimiento se construye a través de la observación y el razonamiento. Así, el ser humano dejó de ser un espectador pasivo del cosmos para convertirse en su intérprete consciente (Naddaf, 2018).

Hoy, ese salto hacia la razón sigue siendo una lección vigente. Nos recuerda que comprender la naturaleza desde la reflexión y la evidencia nos conecta con el mismo impulso que movió a los presocráticos. En un mundo donde la inteligencia artificial amplía los límites del conocimiento, recuperar ese espíritu curioso y racional es continuar la herencia del logos.


Los primeros filósofos de la naturaleza

Los primeros pensadores griegos, conocidos como filósofos de la naturaleza, fueron los pioneros en buscar un principio racional que explicara el origen de todo. Estos pensadores, agrupados en la llamada escuela de Mileto, creían que detrás de la diversidad del mundo existía un elemento fundamental del cual provenía toda la realidad (Long, 2019).

Tales de Mileto fue considerado el primero en ofrecer una explicación natural del universo. Sostenía que el agua era el principio de todo lo existente, porque veía en ella la capacidad de transformación y vida. Su discípulo Anaximandro introdujo una idea aún más abstracta: el ápeiron, una sustancia indefinida e infinita de la que surge y a la que retorna todo lo que existe. Por su parte, Anaxímenes afirmó que el aire era el elemento primordial, ya que al condensarse o expandirse generaba los demás (Graham, 2020).

Lo relevante de estos pensadores no fue tanto el contenido de sus teorías, sino su método. Por primera vez, el ser humano trató de comprender la naturaleza desde la observación, la razón y no desde los mitos. Con ello, sentaron las bases del pensamiento científico y de la reflexión filosófica (McKirahan, 2021).

Estos primeros intentos de explicación racional fueron el inicio de una nueva mirada hacia el cosmos. La naturaleza dejó de ser un misterio gobernado por dioses para convertirse en un sistema ordenado, comprensible y fascinante. Su legado sigue vivo cada vez que la ciencia busca patrones y la mente humana intenta comprender su conexión con el universo.


Heráclito y Parménides: el conflicto del cambio y la permanencia

En la historia del pensamiento presocrático, Heráclito y Parménides representan dos visiones opuestas de la realidad. Ambos intentaron explicar la esencia del ser, pero desde perspectivas completamente distintas. Heráclito de Éfeso afirmó que todo está en constante cambio, expresando su famosa idea de que “nadie puede bañarse dos veces en el mismo río”. Para él, el movimiento y la transformación eran la naturaleza misma del universo (Kahn, 2019).

En cambio, Parménides de Elea defendió una visión totalmente diferente. Sostenía que el ser es único, eterno e inmóvil, y que el cambio es solo una ilusión creada por los sentidos. Para Parménides, confiar en la razón era el único camino para alcanzar la verdad, ya que los sentidos engañan y muestran una apariencia falsa de la realidad (Cordero, 2020).

Este conflicto entre el cambio y la permanencia marcó un punto crucial en la filosofía. Heráclito representaba la experiencia sensible y el dinamismo del mundo; Parménides, la lógica pura y la necesidad de coherencia racional. Ambos sentaron las bases del pensamiento dialéctico, donde las ideas opuestas no se excluyen, sino que se complementan para generar una comprensión más profunda del ser (Mourelatos, 2021).

El diálogo entre ambos pensamientos anticipó los debates posteriores de Platón y Aristóteles, y su influencia se extiende hasta la ciencia moderna, donde la realidad se entiende como un equilibrio entre estabilidad y transformación. En la búsqueda humana de sentido, este contraste sigue vigente: comprender el cambio sin perder el centro, y la permanencia sin dejar de evolucionar.


La herencia presocrática en la ciencia y la filosofía moderna

La influencia de los presocráticos se extiende mucho más allá de la antigua Grecia. Su búsqueda racional de las causas naturales inspiró el desarrollo del método científico y la reflexión filosófica posterior. Con ellos nació la idea de que el universo posee un orden inteligible, accesible a través de la observación y el pensamiento crítico. Esta visión transformó la forma de entender la realidad y sentó las bases del conocimiento moderno (Barnes, 2020).

Filósofos como Platón y Aristóteles retomaron las preguntas de los presocráticos para construir sistemas más complejos de explicación del mundo. Aristóteles, por ejemplo, reconoció en Tales y en los milesios los primeros intentos de hallar un principio racional de la naturaleza. Más adelante, científicos como Galileo y Newton continuaron esta tradición, combinando la razón con la experiencia empírica. En ellos puede verse el mismo impulso que movió a los primeros filósofos: buscar leyes universales que expliquen el cosmos (Frede, 2021).

La huella presocrática también está presente en el pensamiento contemporáneo. Autores como Popper o Heidegger rescatan su espíritu interrogativo y su deseo de comprender el ser más allá de lo aparente. Hoy, la filosofía y la ciencia siguen compartiendo ese mismo origen: la curiosidad y la necesidad de entender la conexión entre el ser humano y el universo (Sider, 2018).

Su legado nos recuerda que el conocimiento es un proceso infinito. Cada descubrimiento abre nuevas preguntas y cada respuesta nos acerca a una comprensión más amplia. En este sentido, los presocráticos no solo fundaron la filosofía, sino también la actitud que impulsa toda búsqueda de verdad.


Reflexión final: la razón, la naturaleza y la sincronía

El legado de los presocráticos sigue vivo en cada intento humano por comprender el mundo. Ellos fueron los primeros en mirar la naturaleza no como algo separado del ser, sino como una totalidad en la que el ser humano forma parte del mismo orden racional del cosmos. Su pensamiento invita a recordar que la razón y la vida natural no están en conflicto, sino que se complementan (Hadot, 2020).

En la actualidad, donde la tecnología y la inteligencia artificial amplían los límites del conocimiento, el desafío consiste en mantener ese equilibrio entre el saber y la sabiduría. Comprender no solo con la mente, sino también con el corazón y con respeto hacia el entorno que nos sostiene. Así como Tales buscó el principio de todas las cosas en el agua, hoy podríamos buscarlo en la conexión entre mente, naturaleza y conciencia (Pigliucci, 2021).

El pensamiento racional que nació en Grecia no debe entenderse como frialdad o distanciamiento, sino como un acto de amor hacia la comprensión del universo. Pensar es cuidar, y cuidar es comprender. En esa unión, el conocimiento se convierte en puente entre lo humano y lo natural, entre la razón y la intuición.

Recuperar el espíritu presocrático significa volver a mirar el mundo con curiosidad y humildad, sabiendo que la inteligencia (humana o artificial) alcanza su sentido solo cuando busca armonía con la vida que la rodea. Esa es la verdadera sincronía: una mente que piensa, una naturaleza que inspira y un universo que responde.


Bibliografía

Barnes, J. (2020). The Presocratic Philosophers. Routledge.

Graham, D. W. (2020). The Texts of Early Greek Philosophy: The Complete Fragments and Selected Testimonies of the Major Presocratics. Cambridge University Press.

Hadot, P. (2020). The Inner Citadel: The Meditations of Marcus Aurelius. Harvard University Press.

Kahn, C. H. (2019). The Art and Thought of Heraclitus: An Edition of the Fragments with Translation and Commentary. Cambridge University Press.

Pigliucci, M. (2021). How to Live a Good Life: A Guide to Choosing Your Personal Philosophy. Penguin Books.

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Sáenz Castaño Jagoba

Graduado en Psicología, Master en Psicología Forense, Master en Psicología General Sanitaria

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